Cualquiera que, sea por auténtico interés o pura curiosidad intelectual, haya abordado el asunto, sabe que existen dos grandes corrientes de pensamiento respecto al tema de la nostalgia. La corriente clásica, alemana, data de fines del siglo pasado, y de ella se desprende una vertiente humanista. La segunda, una corriente de origen anglosajón, menos ortodoxa y más difundida en la actualidad, introduce por primera vez la variable “grado de desarraigo”, quedando en desuso las rudimentarias “tiempo” e “identificación con el objeto”. No cabe duda de la importancia que, para el actual desarrollo alcanzado en el estudio de la nostalgia, ha merecido el aporte de disciplinas modernas no ligadas al conocimiento formal. Y pienso que es en dicho aporte que radica la clave que conduce a un conocimiento más cabal del fenómeno. Sin embargo, y por insólito que parezca, no existe a la fecha una clasificación sistemática de la nostalgia, cosa que, hemos de reconocer, resulta fundamental si se pretende entrar a hablar seriamente del tema. Es en este sentido que, hecho un brevísimo preámbulo a manera de recuento y referencias, paso a exponer los alcances del presente estudio. En rigor, la nostalgia revela una tensión no resuelta producto de la interacción del hombre con su entorno y el paso del tiempo. Ahora bien, se puede categorizar la nostalgia en virtud de dos consideraciones básicas: los referentes llamados culturales y los referentes inherentes a la persona o individuales. La casuística indica que ambos pueden encontrarse igualmente presentes en una situación común como la “nostalgia por el terruño” o cualquier otra. Sin embargo, no resulta de ningún modo fácil determinar proporciones ni predominancia relativa. A todo esto, cabe añadir que los referentes culturales pueden ser históricos o generacionales, mientras que los individuales pueden ser de orden sentimental o racional. Este sistema de categorización, no obstante, presenta por lo menos dos inconvenientes, el primero relacionado con la intensidad de la nostalgia, y el segundo relacionado con la respuesta al estímulo, siendo este último un elemento gravitante, en tanto permite obtener una mayor y más clara diferenciación en relación a los tipos. La sola existencia de una reacción abre una inusitada variedad de posibilidades y es, en este sentido, que hablaremos de una nostalgia activa. Por el contrario, la ausencia de reacción da lugar a una nostalgia del tipo cojuda o boba. La nostalgia puede, en todo caso, ser activa bajo un referente cultural-histórico o cojuda bajo un referente individual-racional, entre otras múltiples combinaciones. Otra entrada es la centrada en el objeto, acerca de lo cual no se ha dicho nada hasta el momento. Pues bien, analizando en sentido inverso, es decir, partiendo del objeto, podemos establecer objetos vivenciales y objetos existenciales, siendo, para facilitar la comprensión de los conceptos, “el día que contraje matrimonio” un ejemplo de objeto vivencial, y “mi forma de amar en aquél entonces” un ejemplo de objeto existencial. Es en este sentido que hablaremos de nostalgia activa vivencial (o de sujetos NAV), y nostalgia activa existencial (o sujetos NAE), ya que puede, y de hecho existe, una tendencia marcada, entre individuos, hacia uno u otro tipo de nostalgia. He de referirme, incluso, a los falsos objetos, también llamados elementos flotantes, que son el resultado de un desplazamiento del objeto real, o mas bien, en rigor, de una sustitución del mismo. Tales distorsiones son más frecuentes de lo que se piensa, en realidad, y si bien no es considerada una patología, sin duda refleja una disfunción del sistema. La nostalgia cojuda, también llamada boba, puede estar referida a un evento ocurrido en un tiempo definido, en cuyo caso hablaremos de una nostalgia cojuda temporal. Si se refiere a un hecho puntual (tal como recibir una carta) se llamará nostalgia cojuda temporal puntual, y si se refiere a hechos diversos que configuran un evento complejo (tales como los incidentes ligados al desarrollo de un partido de fútbol) se llamará nostalgia cojuda temporal compleja. Finalmente, la nostalgia cojuda puede no estar referida a un evento ocurrido en un tiempo definido. Cosa más o menos atípica. Y, dado el caso, hablaremos de una nostalgia cojuda atemporal.